LA VIDA SABE A FELICIDAD, por André Comte-Sponville

Filed under: -ANTOLOGÍA DE LA BELLEZA — March 5, 2007 @ 8:18 pm

“La vida es buena; es buena por sí misma; el razonamiento no le hace mella. No se es feliz por viaje, riqueza, éxito, placer. Se es feliz porque se es feliz. La felicidad es el sabor mismo de la vida. Tal como la fresa sabe a fresa, la vida sabe a felicidad. El sol es bueno; la lluvia es buena; todo ruido es música. Ver, oír, oler, gustar, tocar, toda una seguidilla de felicidades. Incluso las penas, incluso los dolores, incluso el cansancio tienen sabor a vida. Existir es bueno; no mejor que otra cosa; pues existir es todo y no existir es nada. Si así no fuera, ningún viviente duraría, ningún ser vivo nacería ” (ALAIN).

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Tal como la fresa sabe a fresa”, decía Alain, “así la vida sabe a felicidad”. Y conozco pocas otras frases que me hayan dejado tal regusto de felicidad, pero también de deseo y, debido al deseo, de amargura.

 

Conviene una cita más extensa del maestro: “En primer lugar, la vida es buena; es buena por sí misma; el razonamiento no le hace mella. No se es feliz por viaje, riqueza, éxito, placer. Se es feliz porque se es feliz. La felicidad es el sabor mismo de la vida. Tal como la fresa sabe a fresa, la vida sabe a felicidad. El sol es bueno; la lluvia es buena; todo ruido es música. Ver, oír, oler, gustar, tocar, toda una seguidilla de felicidades. Incluso las penas, incluso los dolores, incluso el cansancio tienen sabor a vida. Existir es bueno; no mejor que otra cosa; pues existir es todo y no existir es nada. Si así no fuera, ningún viviente duraría, ningún ser vivo nacería. Pensad que un color es una alegría para los ojos. Actuar es una alegría. Percibir también lo es y es la misma. No estamos condenados a vivir; vivimos ávidamente. Queremos ver, tocar, jugar; queremos desplegar el mundo. Todo ser viviente es como un paseante matutino. […] Ver es querer ver. Vivir es querer vivir. Toda vida es un canto de alegría”.

Sólo es un pequeño artículo, unos de sus innumerables Propos, como decía Alain, publicados a lo largo de los años (cotidiana y benévolamente) en un periódico de provincia, en Ruán; éste es de mayo de 1909, y envidio a los lectores que leían este tipo de noticias con el desayuno, que sabían de la felicidad al mismo tiempo que del mundo, la vida, la maravilla de vivir, al mismo tiempo que de las desgracias de la historia o de las vicisitudes de la economía…

Varios han debido recortar este artículo, guardándolo cuidadosamente con los demás en un cajón, en un cuaderno, algo más felices de repente, un poco más libres, algo más orgullosos de ser hombres, un poco más sabios, y después han debido marcharse a su trabajo con el paso más firme, quizás canturreando, otra vez gallardos, erguidos, con una pizca más de alegría y de coraje, con algún pensamiento en el corazón. ¿Optimismo fácil, ingenuo, ciego? No creo.

Suelo releer este Propos, me sigue pareciendo hermoso, de una belleza que no miente. “Tal como la fresa sabe a fresa…”. Y Alain, por cierto, no sólo había vivido esto, este sabor de felicidad, esta vida alegre y sabrosa. Tenía sus momentos de cansancio, de cólera, de disgusto. Pero también debió vivir éstos, esta gozosa vitalidad, esta alegría de todo el ser. Y todos somos capaces de esto, por lo menos un poco, por lo menos a veces.

¿Quién no ha tenido sus momentos de gracia o de júbilo? ¿Sus mañanas triunfales? ¿Sus veladas radiantes? El hecho es que vivimos, hacemos hijos y esto deja en mal pie a los quejosos. El suicidio es la excepción y no prueba nada. No se está rechazando con ello la vida, sino el dolor, la vejez, la enfermedad, el aislamiento… No se está despreciando la felicidad, se está huyendo de la desgracia. “Todos los hombres buscan la felicidad”, decía Pascal, “hasta los que se ahorcan”. Se matan para no seguir sufriendo, para no seguir siendo desgraciados. Y esto sigue siendo búsqueda de la felicidad.

¿Habrá que decir, con Spinoza, que la gente sólo se suicida por causas exteriores aunque interiorizadas? No sé. Es seguro, no obstante, que hay que tener razones muy fuertes para morir, para querer morir. Buenas o malas, externas o internas, es otra historia. Pero más fuertes que la vida, más fuertes que el cuerpo, que resiste, más fuertes que el alma, que sólo es esta resistencia en acto.

¿Quién se suicidaría sin motivos? Estaría enfermo, y ya puede ser una razón muy fuerte. La depresión es una enfermedad, como se sabe, que puede ser mortal. Pero ¿qué demuestra contra la salud, contra la vida, contra la felicidad? ¿Y el suicidio filosófico? Camus, que lo convierte en su punto de partida (”el único problema filosófico verdaderamente serio”, escribió en las primeras lineas del Mito de Sísifo), casi no se detuvo en él, e hizo bien. El absurdo conduce más bien a un tratado de felicidad, lo que explican las últimas páginas del mismo libro, al enfrentamiento con lo real, a la afirmación simple de la existencia.

¿Por qué vivir? No es la pregunta. Lo mismo sería preguntarse por qué ser feliz, por qué gozar y regocijarse. La vida responde por nosotros, el placer responde por nosotros, o, mejor, no hay pregunta, no hay respuesta, y es la vida misma. Alogos, decía Epicuro: sin razón, sin discurso y sin necesitarlos. No hacen falta razones para vivir.

ANDRÉ COMTE-SPONVILLE, Impromptus. Editorial Andrés Bello, 1999.