Desde la incertidumbre
Por Carlos Alberto Estévez
cestevez@contenidos.com  

Asumir la biodegradabilidad de nuestros conocimientos resulta esencial para reformular continuamente el propio pensamiento. No podemos aferrarnos a un discurso, por bueno que haya sido, si ya no tiene relación con la realidad. Un estado de interpelación permanente nos ayudará a renegar de los esquemas mentales que nos tienen prisioneros.

Es imposible seguir formando a los hombres y mujeres de esta época con los modelos del siglo XIX; ni siquiera con los de mediados del siglo XX.

Con estos argumentos, Ezequiel Ander-Egg pregona que frente a la globalización, interdependencia y carácter mundial de los conflictos actuales, educar a los chicos y a los adolescentes para vivir en el siglo XXI supone "aprender a pensar y a vivir en la era planetaria".

En resumen, propone desarrollar la capacidad de distinguir la diversidad o, dicho con sus propias palabras, emprender ya mismo el tránsito "del paradigma de la simplicidad al paradigma de la complejidad".

Si recurrimos a las aplicaciones pedagógicas prácticas, estas nociones nos resultan más accesibles. "Hace falta pasar de una concepción plana del aprendizaje (mera acumulación de información, habilidades y competencias), a una concepción esférica, que incluye, además, el desarrollo de la sensibilidad y de los afectos, la motivación (amor por lo que se aprende), las actitudes, los valores, las conductas y los modos de ser y de hacer", dice Ander-Egg.

Este concibe al docente como creador de un entorno afectivo que funcione como soporte emocional para el aprendizaje.

El secreto esencial sería volver a poner en marcha -o hacer que no se detenga- la mutua potenciación entre cognición y la motivación para alcanzar lo que él llama (a despecho de los 36 años vividos en España) love of learning, que resulta algo así como la clave, el principio fundamental para aprender y también la necesaria garantía para la salud mental del individuo.

"En nuestro sistema educativo hay demasiado texto sin contexto", dice el experto, para aclarar en seguida que, si bien es importante leer y pensar en los libros, en igual o mayor proporción lo es pensar la existencia, la realidad propia, para adquirir luego la capacidad vital de asumirla y de transformarla.

Ander-Egg es doctor en ciencias políticas, en ciencias económicas y en sociología. Además, realizó posgrados en planificación social y económica.

Argentino, radicado desde hace 36 años en España, participa en la dirección del Instituto de Ciencias Sociales Aplicadas (ICSA), una consultora internacional dedicada especialmente al campo de la política social.

Por su responsabilidad como asesor de planificación para las Naciones Unidas, recorre numerosos países de América y de Europa organizando y supervisando planes de desarrollo comunitarios y pedagógicos.

"Hay que inventar un futuro que no sea más de los mismo, de lo que hoy es el presente" -sostiene-, para seguir con un desarrollo analítico de lo que supone aquel "pensar y vivir en la era planetaria":

  • Ejercitar la reflexión sobre un mundo de complejidad creciente y de comprensión retardada.
  • Aprender a analizar la propia realidad. "Hay demasiado texto sin contexto; ello produce papagayos culturales, pero no personas capaces de transformar su mundo".
  • Desarrollar una capacidad de abordaje sistémico de la realidad que permita asumir la unidad, multiplicidad, totalidad, diversidad y complejidad.
  • Saber pensar desde la incertidumbre y la perplejidad en una interpelación permanente, capaz de asumir la biodegradabilidad de los conocimientos y la actitud de apertura para reformular permanentemente su propio pensamiento.
  • No aferrarse a discursos que ya no tienen que ver con la realidad.

Un total de 97 publicaciones certifican su calidad y vocación de escritor y su contribución constante al mejoramiento social y a la renovación pedagógica, a la que dedica sus mejores esfuerzos, ocupado en la construcción de un futuro mejor a través de la educación.

"En todos los órdenes de la vida -reflexiona- es preferible hacer un aporte positivo, por pequeño que sea, antes que no hacer nada por querer cambiarlo todo".

En definitiva, Ander-Egg sostiene que lo que ha de ocurrir en el porvenir no es inevitable y que nosotros tenemos que asumir el desafío de hacerlo mejor, aun en la incertidumbre de lo que nos espera.